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El verdadero ser de la venganza.
Lo miraste, tan vulnerable frente a ti. Te acercaste a él, sádica y lentamente…, llegaste a su cuello y le mordiste. Su sangre era tan deliciosa, tan exquisita; era perfecto, completa y absolutamente perfecto.Te alejaste un poco de él, con la sangre chorreando de tu boca; se veía asustado, terror, dolor. ¡Lo amabas! Amabas verlo así, tan suplicante; tan solo tuyo. ¡Por fin lo era, por fin te vengaste!—Déjame ir… detente… —¿Para qué suplicaba? Ya daba igual; estaba muerto, condenado al olvido. El dolor poco a poco se fue extinguiendo y con él, su vida.La recordó a ella, cuando era inocente e incapaz de lastimar. Con sus cabellos cortos y su vista oculta tras su flequillo. La maltrataron tanto, y era la justa verdad “hay que sacar las garras para que te respeten” en éste caso, eran sus colmillos afilados y sedientos de sangre, de venganza.La paciencia es un hilo delgado, a veces extenso y a veces corto. ¿Y qué pasó? ¡Plop! El hilo se cortó, no aguantó y simplemente se partió en dos.Era su primera víctima, él, a quien amaba con todo el corazón; pero su corazón ya no estaba, por eso ya no lo amaba. ¡Le daba igual matar a todos! Era su placer, su pasatiempo perfecto. Ya quería que llegaran los demás, ¡tenía sed! 


El verdadero ser de la venganza.



Lo miraste, tan vulnerable frente a ti. Te acercaste a él, sádica y lentamente…, llegaste a su cuello y le mordiste. Su sangre era tan deliciosa, tan exquisita; era perfecto, completa y absolutamente perfecto.

Te alejaste un poco de él, con la sangre chorreando de tu boca; se veía asustado, terror, dolor. ¡Lo amabas! Amabas verlo así, tan suplicante; tan solo tuyo. ¡Por fin lo era, por fin te vengaste!

—Déjame ir… detente… —¿Para qué suplicaba? Ya daba igual; estaba muerto, condenado al olvido. El dolor poco a poco se fue extinguiendo y con él, su vida.

La recordó a ella, cuando era inocente e incapaz de lastimar. Con sus cabellos cortos y su vista oculta tras su flequillo. La maltrataron tanto, y era la justa verdad “hay que sacar las garras para que te respeten” en éste caso, eran sus colmillos afilados y sedientos de sangre, de venganza.

La paciencia es un hilo delgado, a veces extenso y a veces corto. ¿Y qué pasó? ¡Plop! El hilo se cortó, no aguantó y simplemente se partió en dos.

Era su primera víctima, él, a quien amaba con todo el corazón; pero su corazón ya no estaba, por eso ya no lo amaba. ¡Le daba igual matar a todos! Era su placer, su pasatiempo perfecto. Ya quería que llegaran los demás, ¡tenía sed!